El chofre - Nada tiene importancia si no hay toro.

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LA MULETA EN EL TOREO FUNDAMENTAL Y EN EL ADORNO. Por Luis Picazo Montoto

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Cualquier afición la mayoría de las veces, aunque no necesariamente, conlleva el máximo interés por conocer todo lo relacionado con la misma. Por ello, un aficionado es casi siempre un entendido en la materia de su afición. Los toros no son la excepción y los “aficionados” suelen ser expertos en todo lo relacionado con la Tauromaquia.

 

La abeja y la avispa liban las mismas flores;
pero no logran la misma miel
J. Joubert, “Pensamientos”

En cualquier espectáculo, los espectadores y los aficionados -avispas y abejas- ven la misma función, pero no sacan el mismo provecho. En los toros, son muchos los espectadores que si una tarde no se han cortado orejas no se divierten, pero son pocos los aficionados que, si está un TORO en el ruedo, no se emocionan en algún momento.

  

Partiendo de esa base, y en el propio bien de la Fiesta, nos gustaría que todo el que asiste a un festejo fuese, al menos en potencia, un aficionado, si no con gran experiencia y conocimientos, sí con deseos de adquirirlos.

  

Por eso, desde su aparición en la red, elchofre.com siempre ha sido un referente para los aficionados: para los “viejos” debido a su compromiso con la verdad y, para los más jóvenes, por esa labor docente que viene haciendo (ahí están los artículos de Navalón) y que tanto agradecen los que llegan con ilusión y deseos de aprender. Esta faceta es la que hoy me ha movido a comparecer de nuevo en este portal.

  

Durante la última feria de Otoño en Madrid ocurrió algo, nada usual actualmente, que pasó desapercibido (al menos para mí) en la prensa oficial y en la especializada, y creo que también en los portales y blogs de toros. Fue la tarde del 4 de Octubre durante el último tercio del tercer toro, toro noble de Victorino Martín, Pacense de nombre, al que ya Luis Bolívar había dado dos magistrales medias verónicas en el primer tercio. En un momento dado de la faena, clavó el estoque en el suelo de forma ostensible, se echó la muleta a la derecha y siguió toreando con esta mano. A mi alrededor se formó un pequeño revuelo de sorpresa en unos casos, de interrogante en otros y, los menos, de conocimiento y opinión: “está dando naturales con la derecha”, aseveraban éstos.

  

El sorprendido entonces fui yo al comprobar que gente que está allí abonada desde hace más de 25 años parecía ignorar lo que realmente son “pases naturales” ya que, aunque los que estaba dando lo eran, sin embargo ellos los denominaban así simplemente por el hecho de ejecutarlos con la muleta sin armar. Esto ya lo había observado yo la última vez que se los vi dar en Gijón a Joselito -tal vez el último que ejecutó esta suerte en bastantes ocasiones- el 15 de Agosto de 2003 a un toro de Laurentino Carrascosa al que cortó las dos orejas y recuerdo, que, en esa ocasión, incluso los periódicos dijeron que había toreado al natural con la mano derecha, pero sin ninguna alusión a la espada. Esto, sin ser falso, resulta cuando menos, insuficiente.

  

Y es por eso que he podido comprobar que hay cierto desconocimiento en lo que es un pase natural y me he decidido a escribir este artículo con el fin de que los jóvenes que todavía admiten estar aprendiendo, no caigan en tan frecuente error de considerar como pase natural aquel que se ejecuta sin armar la muleta, es decir sin la ayuda de la espada, ¡no!, natural es todo aquel pase en que el toro sale por el mismo lado de la mano que tiene la muleta con independencia de que se ayude o no con la espada.

  

En el toreo fundamental hay dos clases de pases: naturales o cambiados. El pase natural, que en tiempos también se llamaba regular, se denomina así porque se da la salida al toro precisamente por el lado “natural” dada la posición de éste y el torero. Si la salida se da por el lado contrario al de la mano que sujeta la muleta, se llama pase “cambiado”. Insisto, ello con independencia de que el torero lleve la muleta “armada” con el estoque o mantenga éste en la mano contraria o lo tire al suelo como solía hacer Joselito o lo clave en el mismo como hizo Bolívar y se aprecia en la foto y que ha dado pie a este artículo.

  

Por el contrario, la denominación de pase cambiado se aplica, como ha quedado dicho, al que se realiza dando la salida al toro por el lado contrario al de la mano que sostiene la muleta. Con esto no es necesario añadir que, tanto el pase natural como el cambiado, se pueden ejecutar con cualquiera de las dos manos y con independencia de que la muleta vaya armada o sin armar con el estoque.

  

Así, por poner los ejemplos más sencillos y conocidos, diremos que los comúnmente llamados naturales y redondos, son pases naturales, mientras que los de pecho y los trincherazos, son pases cambiados. Tal vez habría menos confusión si hablásemos de muletazos con la derecha y con la izquierda y con la muleta armada o sin armar, pero dado que todo el mundo sabe, o mas bien entiende aunque a veces no se ajuste a la realidad, de naturales y redondos, vamos a dejar las cosas como están y sigamos hablando en esos términos.

  

Lo que sí queremos es aprovechar la ocasión para, aunque sea de pasada, recordar el por qué de estas denominaciones comunes, -natural y redondo- y también matizar la importancia y el mérito de cada una para que sean valoradas ambas, sobre todo por los jóvenes, en su justa medida. Todos sabemos a qué nos referimos al hablar de la suerte suprema y también que se llamaba así porque era el final, la muerte del toro, y todo lo que se realizaba con él iba encaminado a prepararlo para esa muerte. Cuando el toro era un animal fiero, pujante, con mucha movilidad, incierto y con gran peligro, había que poderle, dominarlo para poder entrar a matar y cuantos menos pases eran necesarios para ello, más mérito se daba a la faena, todo lo contrario de lo que ocurre ahora que hacen las faenas interminables, además de monótonas y aburridas y se conceden orejas incluso después de sonar dos avisos. (Hace unos días leía que Juan Belmonte -que fue alguien en esto- en su última actuación en Madrid, el 22 de septiembre de 1935 cortó las dos orejas y el primer rabo que se concedió en Las Ventas, con sólo 8 muletazos, algo que hoy parece increíble.)

  

Tras este paréntesis, ilustrativo para los jóvenes, y volviendo a lo que nos ocupa, decíamos que para entrar a matar al toro, al toro de antes, era necesario quebrantarlo para quitarle fuerza y dominarlo para, en un momento dado pararle y poder entrar a matar y … ¿cómo se conseguía esto?: sencillamente con pases de castigo, pases en que se obligaba mucho al toro bajándole la muleta y haciéndole girar alrededor del torero hasta detrás de la cadera y, al retorcerse producirle un gran deterioro en su fortaleza. De ahí que esos pases fuesen “en redondo”, bastante diferentes a lo que se hace hoy que, debido a la debilidad de los toros, se torea en línea recta, hacia fuera y a media altura para que el animal no ruede por los suelos; en lugar de pases de castigo son pases de cuidados intensivos. Naturalmente hay excepciones y muy de vez en cuando sale algún toro que requiere esos pases de castigo, pero, lo que ocurre entonces, es que la gran mayoría de los toreros no sabe dárselos y, lo que es peor, cuando hay un torero que sí lo sabe y lo hace, la mayor parte del público no lo aprecia.

  

Por otra parte, y volviendo al toro de antes, el ímpetu y fiereza del animal en el comienzo de la faena y al seguir el engaño, hacía que el torero tuviese que valerse, además de su pericia y conocimientos, de sus propias herramientas, muleta y espada, por lo que esos pases de castigo, los ejecutaba con la muleta armada, con lo que al exponer al toro una mayor superficie para su embestida y poder separarla más del cuerpo, su defensa, entonces imprescindible, era mayor. Así pues esa forma necesaria de torear, en semicírculo y con la muleta armada, se la denominó en redondo y, al pase, redondo y, con esta denominación, ha llegado hasta nuestros días.

 

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Cuando ya el toro había perdido fuerza y más o menos estaba dominado, el torero tomaba la muleta con la izquierda y el estoque con la derecha, para pasárselo más cerca y cogerle la distancia y, en un momento dado, con unos pases de pitón a pitón por delante y con la muleta casi en el suelo para que el toro se parase y permaneciese fijo en la misma -“pidiese la muerte”- sin pérdida de tiempo, el torero aprovechase para entrar a matar. Era prácticamente la única forma de hacerlo con eficacia, con sencillez (relativa), con “naturalidad” y de ahí que se llamase toreo al natural y, a los pases, naturales.

  

No es necesario decir que los pases naturales en sentido genérico se pueden dar por alto, por bajo o a media altura según el momento y las condiciones del toro, sin que ello influya en su naturaleza, pero advirtiendo que cuando son por alto son más bien de alivio para el toro y, por bajo, casi siempre de castigo. En cuanto a los cambiados, que así mismo también se pueden dar a cualquier altura, son en unos casos pases de castigo (por bajo al inicio de las faenas), en otros un recurso para finalizar la serie cuando el círculo se cierra y hay que echarse el toro por delante -por lo que en tiempos algunos se llamaron obligados- (de pecho, trincherazos …) y, en muchos, simples adornos (por ejemplo ese circular invertido tan de moda o esos horrorosos de pecho encadenados como si de una serie se tratara; los adornos siempre deben ser aislados).

  

Me he permitido éstas disquisiciones, que espero que la mayoría de los aficionados sepan disculpar por ser para ellos archisabidas, para que los jóvenes y futuros nuevos aficionados conozcan la necesidad y la importancia de estos pases que constituyen el toreo fundamental y sepan valorar, en cada momento lo que hace y lo que debería hacer el torero en función del animal que tiene delante.

  

Creo que habrá quedado claro que un pase natural se puede ejecutar con cualquier mano, y que la menor o mayor dificultad y el menor o mayor riesgo, está más en llevar armada o no la muleta (con independencia de que el torero sea diestro o zurdo) por ofrecer menor o mayor superficie de defensa y pasarse más cerca o más lejos el toro. Por ello, cuando se torea, sea con la mano que sea, sin armar la muleta, es mayor el mérito del torero y debe tenerse en cuenta a la hora de valorar su actuación, y eso debió hacerse con Luis Bolívar la citada tarde del pasado 4 de Octubre, que ha motivado este artículo, al torear con la mano derecha y sin ayudarse del estoque. Hechos así deben reconocerse y valorarse y, cuando menos, agradecer su buena intención de ofrecer una suerte de mayor riesgo y, desgraciadamente, hoy prácticamente olvidada.

  

Aquí debería poner el punto y final pero hay otros muchos tipos de pases que, por un lado y según lo dicho, podrían dar origen a confusiones y otros que, al día de hoy, están bastante en boga y merecen algún comentario.

  

Hay muchos pases que se ejecutan utilizando las dos manos: con una se sujeta la muleta que se arma, más o menos, con la ayuda de la espada cogida con la otra. Eso son ayudados y también pueden ser naturales o cambiados, por alto, por bajo o a media altura. Según el momento y la forma de ejecución serán pases de castigo o simples adornos, que es la mayoría de las veces en la tauromaquia actual. Están muy de moda en los comienzos de faena del torero más polémico de la actualidad que los da por alto, con los pies juntos, el cuerpo muy vertical y sin moverse del sitio. Son de mucho efecto, pero, en general, poco merito y su nombre es estatuarios, aunque un gran cronista y crítico, Don Antonio Díaz Cañabate, los bautizara como el pase del guardabarrera: cuando viene el tren levanta la bandera y cuando ha pasado la vuelve a bajar (el mismo escritor en Historia de una Taberna hace también una analogía con el paso de un barco por debajo de un puente levadizo y afirma que es lo más fácil y menos arriesgado que se puede hacer con un toro). Por el contrario, el ayudado por bajo y rodilla (una) en tierra al comienzo de una faena para doblar al toro -del que Rafael El Gallo hizo una auténtica creación- es tan bello como eficaz.

  

Por último debemos hacer referencia a unos pases, muy de actualidad, con los que suelen abrirse o cerrarse las faenas de muleta y que, aunque son de poca trascendencia, son muy celebrados y sólo deberían considerarse como lo que realmente son: muestras de valor en unos casos y adornos en otros.

  

Con el toro cerca de las tablas se coloca el torero de perfil en los medios, cita poniendo la muleta para que el toro pase por delante, el toro se arranca y cuando lo tiene casi encima se pasa la muleta por la espalda y hace pasar al toro por detrás. Es un cambio con la muleta muy arriesgado por lo que se requiere gran valor. El 26 de Julio de 1942, al ejecutarle en Barcelona Antonio Bienvenida, el toro Buenacara de Ignacio Sánchez le infirió una gravísima cornada.

  

Como remate de faena están las manoletinas (invento de un torero cómico, Llapisera) y las bernardinas que realmente es el mismo pase pero con la diferencia de coger con la mano derecha la muleta armada, hacia fuera en la primera y hacia dentro (invertida) en la segunda: se pasa la muleta por detrás de la espalda y se coge, con la mano izquierda por el otro lado del cuerpo, el faldón de la tela o la punta de la espada en uno u otro caso y se hace pasar el toro bien por el lado derecho (manoletinas) o por cualquiera de los dos lados (bernardinas) y, en este caso, cuando es por el izquierdo, evidentemente, tiene bastante mayor riesgo y, por tanto, más mérito.

  Apostilla final. Soy consciente de que pueda haber aficionados que discrepen de algunas de mis opiniones, e incluso no faltarán los que puedan tacharme de presuntuoso, pero debe quedar claro que no he pretendido sentar cátedra ni nada por el estilo y solamente he intentado informar a los jóvenes que van llegando a la Fiesta para que vean ésta con ojos críticos y sin dejarse influir por espectadores superficiales, propaganda encubierta o pagada y crítica interesada. Madrid, 11 de febrero de 2009

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Última actualización el Viernes, 17 de Julio de 2009 16:56  

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