El chofre - Nada tiene importancia si no hay toro.

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Pregón Taurino pronunciado por Eneko en Calahorra

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PREGÓN TAURINO CALAHORRA 11 AGOSTO 2012.

Con su permiso, señor presidente,

Señoras, señores, autoridades, aficionados, miembros del Club Taurino de Calahorra. Tengan ustedes muy buenas noches.

Tengo que reconocer que esta noche hago este paseíllo sumido en humildad, en respeto, y, porqué no decirlo, con algo de vergüenza.

Con vergüenza porque varias han sido las invitaciones a “lidiar” en este coso sin que hasta esta noche me haya liado el capote de paseo para cumplir debidamente con este serio compromiso.

Una veces fue mi apretada agenda, y otras, las más, el profundo respeto que me merecen como afición, longeva y, por ende, sabia, y, porqué no decirlo, ese miedo derivado de la responsabilidad que a uno le entra cuando se siente incapaz de cumplir con la expectación creada.

Por eso, sirvan estas mis primeras palabras para salir a la raya del tercio, y al tiempo que rompe a sonar el mas bello de los pasodobles, descubrirme ante ustedes, aficionados, en señal de respeto de este joven que hoy tiene la osadía de intentar sentar cátedra en esta que, ya de por sí, es un Aula Magna repleta de decanos de afición y experiencia taurina.

Es probable que a lo largo de mi disertación les parezca que, a pesar de tener 33 años, pegue arreones propios de un toro viejo con muchas capeas encima. Espero sepan disculparme si a alguien ofendiera, o, si se diera el caso, les pareciera una impertinencia o una  osadía brindar críticas y sentencias tan severas siendo todavía en estas lidias, un modesto novillero sin caballos.

Espero corresponder, y, sobre todo, estar a la altura de los anfitriones. Anfitriones que, dicho sea de paso, me han hecho sentir como en casa desde que he llegado. Y como en casa me siento, y siempre que ustedes me lo permitan, a partir de este momento les tutearé, pues entre amigos me siento.

Tratándose de este Club, estando en las riberas del Cidacos y del Ebro, pisando los adoquines de esta vieja “Calagurris”, no me perdonaría dedicar este humilde pregón a varias personas a las que tanto les debo como persona, y como aficionado:

-         A mi esposa, hoy aquí presente, que aguanta con infinita paciencia a este calvario de marido que le ha tocado en suerte, y que comparte con diplomacia y temple mi locura por la fiesta de los toros.

-         A Juan Antonio Hernández, Toni, alma marter de elchofre, padrino de alternativa de este que les habla, gran aficionado, ante todo, amigo, luchador incansable, que, junto con el maestro Pedro García Macías me sacan de la pereza para seguir haciendo posible entre los tres esa que también es su casa.

-         A mi abuelo, Mauricio, culpable de mi afición. Con quién tantas tardes de toros compartí y, afortunadamente, comparto. De su mano vine por primera vez a esta ciudad siendo un niño, allá por el año 86 u 87 a un encuentro de peñas y Clubes organizado por este Club Taurino de Calahorra. De aquel encuentro guardo, además de un pañuelo, un gratísimo recuerdo que hoy ha revivido más fuerte que nunca.

-         A Don Alfonso Navalón Grande, maestro del periodismo, porque hoy piso esta que también fue su casa. Porque me honra poder decir que gocé de su amistad y de su sabiduría y, por supuesto, porque en vosotros veo el reflejo de su persona, siempre presente.

-         Y finalmente, no podría olvidarme de un calagurritano que vivió tantos años en la ciudad que me vio nacer, Eibar. Excelente aficionado, matador de toros que fuera. Amigo de amplia experiencia que, a pesar de llevar tantos años fuera de esta tierra siempre tuvo un grato recuerdo de añoranza, y, porqué no decirlo, una inmensa nostalgia de la misma. Hubiera sido imperdonable por mi parte, que esta noche no hubiera tenido un cariñoso recuerdo hacia ese torero y amigo de un servidor que fue D. Víctor Ruiz de la Torre “El Satélite”.

Dicho esto, me gustaría comenzar mi disertación recordando a Don Francisco de Quevedo en uno de sus más famosos poemas:

Toda esta vida es hurtar,

No es el ser ladrón afrenta,

Que, como este mundo es venta,

en él es propio el robar.

Nadie verás castigar porque hurte plata o cobre:

Que al que azotan, es por pobre.

Os puedo asegurar que no encontraréis una definición más fiel de lo que hoy es la fiesta de los toros.

Lamentablemente me hubiera gustado poderles abstraer durante un rato de esa maldita palabra que nos atormenta desde hace varios años. Desgraciadamente la palabra crisis sonará con inusitada fuerza a la vez que repasamos la situación actual que vive la fiesta de los toros, así como los retos a los que se enfrenta iniciado ya este siglo XXI.

Ciñéndome ya a lo estrictamente taurino podemos decir que estamos viviendo el momento más crítico de la historia tras aquellas prohibiciones papales del medievo.

Crisis taurina, moral, económica, ganadera, mediática y  política.

Una crisis derivada de un sistema taurino carente absolutamente de valores que nos lleva al borde de un precipicio del que difícilmente podremos salvarnos de no romper radicalmente con ese sistema impuesto.

Crisis económica general, grave, profunda, calamitosa, aparentemente difícil de solucionar…. Una crisis de la que, evidentemente, nos somos ajenos y que afecta, directísimamente, a la fiesta.

Descenso continuado de espectadores en las grandes ferias. Hasta un 17% menos de abonados en los principales cosos. Con llamativos huecos en los tendidos de plazas como Madrid en pleno San Isidro. Con entradas en taquilla , algo absolutamente impensable hace años, en la sanferminera Feria del Toro. Signos inequívocos de que la gente deserta de las plazas porque entre sus prioridades económicas no está, sin duda, desperdiciar un preciado dinero en un espectáculo que vive momentos absolutamente bajos.

Crisis moral de un espectáculo discutido hoy más que nunca por una sociedad cada vez más “sensible” a ciertas cuestiones. Los conceptos morales cambian, la visión del espectáculo como algo sangriento se impone sobre la riqueza cultural, ética, humana, animalista en el más amplio sentido de la palabra…

La siempre demagógica y bien engrasada estratégica antitaurina cala en una sociedad tan sensible para unas cosas y tan cruel, en lo propiamente humano, para otras.

La guinda de este amargo pastel es una crisis en nuestra clase política que pone entre la espada y la pared a una fiesta que no conoce ni de ideologías ni de fronteras.

La fiesta SIEMPRE, debe estar al margen de ideales y oportunismos políticos. Y lo debe estar porque es patrimonio del pueblo soberanos, de la gente de la calle, de aquellos que quieren vivirla intensamente… y no de quienes nos gobiernan.

Suspenso categórico para aquellos políticos de izquierdas que, atrincherados en su progresismo ven en la fiesta algo retrógrado, pues en esa actitud denotan su absoluto desconocimiento de la fiesta. Porque con su persecución a la fiesta nos privan de uno de los principios más fundamentales del movimiento de izquierdas: la libertad. La libertad del pueblo a acudir, o no, a un espectáculo según su apetencia.

Suspenso categórico a aquellos políticos de derechas que ven en los toros el máximo símbolo de identidad española, pues su actitud denota un equivocado sentimiento de propiedad hacia el espectáculo más universal que puede existir.

No se es más español por ser aficionado, ni menos por no serlo.

 Contamos con la fortuna de ser aficionados a una fiesta, la de los toros, que traspasa fronteras, continentes, y que, curiosamente, vive su mejor momento más allá de los pirineos, en la vecina Francia, donde la afición es bastante más ilustrada, más verdadera, y, donde la fiesta se vive tal y como es: un espectáculo íntegro, con el toro como protagonista, donde no hay cabida al fraude ni a la falta de autenticidad en todo lo que acontece en el ruedo.

Suspenso categórico a los políticos nacionalistas, que no ven más allá de sus ambiciones identitarias y que, al igual que la derecha, confunden el sentimiento de pertenencia con algo tan antagónico como puede ser la afición a un espectáculo que, en el caso de Euskadi y Cataluña, precisamente, hunden sus raíces en la rica historia de dichas comunidades.

Los medios de comunicación tampoco ayudan a sobrellevar esta situación. Los informativos ignoran la fiesta salvo que suceda una desgracia.

La prensa amarilla da una imagen irreal de la fiesta. La de los protagonistas casposos, folklóricos que distorsionan la imagen de una fiesta seria y alejada de frivolidades, amores o desamores que a nadie interesan.

La prensa especializada está bajo sobre, bajo el imperio de vivir a costa del toro, bajo intereses personales que les llevan a vender falsos triunfos, un humo putrefacto y vendido muy lejano a una crítica severa más necesaria que nunca.

Pero, ante todo, y sobre todo, estamos padeciendo la quiebra de un sistema, el taurino, que puede tener lamentables consecuencias.

La pregunta es clara: ¿puede un espectáculo anacrónico, tan antiguo como el que más, sobrevivir a esta sociedad?

Mi respuesta es clara: SI. Pero, con condiciones.

Indudablemente, este espectáculo no puede sobrevivir en la sociedad del siglo XXI si sus herramientas de gestión son del siglo pasado. Si su concepto social es del siglo pasado. Si, dentro del abanico de ofertas de ocio siguen ofreciendo un espectáculo tedioso, folklórico, casposo…… Y CARENTE DE AUTENTICIDAD.

A día de hoy, cualquier joven, cualquier adulto, tiene al alcance de su mano mil y un alternativas de ocio, más o menos económicas, pero adaptadas a sus circunstancias socio económicas, y, sin duda, mucho más atractivas y entretenidas que un espectáculo de dos horas en el que un toro domesticado hace las delicias de la figura de turno mientras el empresario de turno hace su agosto a costa de un hecho fraudulento.

La verdadera crisis de la fiesta de los toros no está únicamente  en lo que he apuntado hasta el momento. Está, ante todo y sobre todo, en algo ABSOLUTAMENTE FUNDAMENTAL EN LA PERVIVENCIA DE LA FIESTA: LA EMOCIÓN.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la emoción como una alteración del ánimo intensa que va acompañada de cierta conmoción somática. Como un interés expectante con que se participa en algo que está ocurriendo.

¿Cuántas veces salimos de la plaza sin llevarnos nada en la retina, y, muchos menos, en la memoria? Las más.

La fiesta de los toros debe basarse, fundamentalmente, en varios pilares que derivan en eso, en la emoción. Pilares como la integridad del toro, la autenticidad de la fiesta, la pureza en el concepto de la lidia llevan de forma inequívoca a ese fundamento inexorable, sustento de este espectáculo que es la emoción.

Somos presos de un sistema que persigue justamente lo inverso:

Prima la ley del toro chico y billete grande. La imposición de las figuras representadas por el G-10, el monoencaste Domeqc, la lidia como mero trámite (especialmente en la suerte de varas) como prólogo de lo verdaderamente importante para los “profesionales”: el lucimiento en la faena de muleta.

Vivimos la era del toro domesticado, de las faenas monotemáticas.

La fiesta de los toros vive atrapada en el tiempo: todos los días se repite el mismo guión. Nadie paga cien veces un precio elevado por ver lo mismo y no sentir ninguna emoción.

La crianza del toro bravo se está convirtiendo en un corral mal gestionado por unos pocos y al servicio de las mal llamadas figuras del toreo.

Se cría un toro domesticado, aborregado, descastado, falto de cualquier atributo propio de toro bravo para dar gusto a las figuras. A esas figuras que persiguen el toro chico que les permita sin esfuerzo alguno cortar orejas y exigir caché.

Hago un paréntesis en este punto para realizar una observación al hilo de este comentario: sólo en la fiesta de los toros puede ocurrir, que, en el momento más crítico que vive la fiesta se cree un lobby de presión, el G-10, comandado por las principales figuras del toreo para exigir MÁS DINERO A LAS EMPRESAS.

Con este detalle se pone de manifiesto el único interés de esta gente: el dinero, no la fiesta de los toros que les da de comer.

Desaparecen encastes, hierros legendarios. Cada día es más caro criar un toro (ni les cuento este año con la sequí que padece el campo bravo). Los cinqueños se amontonan en las fincas mientras el pastel se lo reparten las taurofactorias de moda: Nuñez del Cuvillo, Garcigrande, Victoriano del Río, Jandilla, Juan Pedro…..

Lo voy a decir alto y claro: ESTAS PERSONAS SON EL VERDADERO CÁNCER DEL CAMPO BRAVO.

La crianza del toro a medida, su afán por vender más y más, está acabando con el mayor tesoro biológico de este país y de otros muchos: la variedad de encastes.

Para colmo, los herederos de aquellos grandes ganaderos de siempre han heredado la ganadería como una fuente de ingresos. Craso error. A día de hoy, ser ganadero de BRAVO es un acto de romanticismo, un privilegio, un honor al alcance de muy pocos, no un negocio familiar con el que lucrarse.

La causa fundamental de esta película de terror son las exigencias de las figuras y la situación actual del toreo.

Ya no hay toreros “que digan algo en el ruedo”. Hay nombres, figuritas, pero no hay toreros que verdaderamente tengan un concepto claro de la lidia, toreros que tengan la capacidad de dar la lidia correspondiente  a toros de diferentes encastes, de máxima dureza……

No dudo que las escuelas taurinas hayan formado, con éxito, a muchas personas. De lo que tampoco tengo duda es que las Escuelas Taurinas, tal y como están concebidas en la actualidad son una absoluta desgracia para el toreo.

Diferentes estilos, sí, pero un mismo concepto. Clones vestidos de torero, lecciones de lo que ellos llaman técnica para evitar percances….Escuelas de instrucción en trucos, en alivios, en destoreo……

Si queremos que la fiesta perviva debemos romper con este sistema. Denunciar los fraudes y EXIGIR. EXIGIR COMO AFICIONADOS. COMO SUSTENTADORES ECONOMICOS DE ESTE ESPECTACULO, PERO, SOBRE TODO, COMO AMANTES DEL ANIMAL QUE DA SENTIDO ABSOLUTO A TODO ESTO: EL TORO BRAVO.

Nada tiene importancia si no hay toro. Nada tiene sentido si el TORO no sale al ruedo a pedir el carnet del matador correspondiente y este no sabe consumar aquello que da sentido único y absoluto a este espectáculo que es la LIDIA Y MUERTE DEL TORO BRAVO.

La fiesta de los toros no es un acto social. No es el negocio de unos pocos. No es el todo vale para el lucimiento del que se viste de luces…

La fiesta de los toros es la exaltación del animal más bello de la creación. Es el cúlmen de un animal concebido y criado para vender cara su vida mientras un hombre se juega la vida de verdad ante ese animal y en la conjunción de la bravura del toro y en la lidia de su matador surge eso que todos conocemos por EMOCIÓN.

Nosotros como aficionados, tenemos la obligación moral de EXIGIR que esos principios fundamentales se produzcan cada tarde. Si no lo hacemos, estamos siendo complacientes con quién pervierte la fiesta.

Por tanto, debemos empezar exigiendo la base fundamental de esta fiesta: EL TORO BRAVO, INTEGRO, LA VARIEDAD DE ENCASTES…. Y a partir de aquí cambiar radicalmente el sistema.

Debemos hacer de la fiesta de los toros un espectáculo atractivo y para ello es fundamentan un cambio radical en las herramientas de gestión y adaptarlas a la vida cotidiana del siglo XXI.

Debemos aplicar las nuevas tecnologías para el fomento de la fiesta.

Internet ha supuesto una auténtica revolución en nuestras vidas, y, sin duda es una herramienta fundamental para combatir el sistema taurino actual.

A través de la red podemos informar de manera independiente, al margen de portales, medios de comunicación y periodistas al servicio y bajo sobre del sistema.

Debemos instruir, aleccionar, llegar a la sociedad de la información sin vicios adquiridos.

Podemos combatir a través de las redes sociales al animalismo militante que cala hondo con sus mensajes antitaurinos.

Curiosamente casi todas las figuras y ganaderos actuales tienen cuenta en “Twitter”: lo lamentable de esto que debiera ser un signo de modernización es que la utilizan para vanagloriarse de sus falsos triunfos y, de paso, atacar e insultar a aquellos aficionados que les hacemos frente.

Debemos conseguir que el sistema de autogestión llegue a las plazas más importantes. Es clave que, por ejemplo, la plaza más importante del mundo esté gestionada por aficionados, no por “empresarios” de tres al cuarto como está sucediendo en Las Ventas.

¿Para qué queremos esa herramienta perfecta que puede ser el Dpto. de Asuntos Taurino de la Comunidad de Madrid si finalmente dejamos la plaza en manos de gente sin escrúpulos como Simón Casas, los Choperita o Toño Matilla?

No podemos pretender, por ejemplo, que la gente joven acuda a la plaza si no se incentiva su presencia en los tendidos.

 Los ganaderos deben poner al servicio del sistema educativo ese Aula Magna de ecosistema que es la dehesa.

Hay que acercar el toro a los escolares. Permitir que visiten su hábitat, que disfruten de cerca de la presencia del animal y que admiren el sentido y misterio de la crianza de un toro bravo.

Sólo con la comprensión de ese respeto y admiración del ganadero hacia el animal que cría se puede entender el sentido absoluto de la lidia.

Hay que fomentar la creación de gradas jóvenes, regalar entradas en colegios y universidades, fomentar precios especiales para parados, gente joven, etc…

Hay que aplicar nuevas herramientas de marketing para anunciar los festejos, pero, sobre todo, para explicar, ilustrar e instruir a los nuevos aficionados.

En definitiva, debemos conseguir que la fiesta de los toros vuelva a ser un espectáculo de masas con una base de aficionados jóvenes y bien instruidos. Una base sólida que garantice el futuro de la fiesta sin perder en absoluto los principios y valores que la sustentan.

Indudablemente esto debiera ir acompañado de una oferta racional y equilibrada de festejos.

¿Puede una figura matar 80, 100, 110 corridas de toros, teniendo enfrente cada tarde al TORO – TORO?

Rotundamente NO.

A día de hoy no es extraño que una figura toree en cualquier pueblo, incluso hay matadores del G-10 que tienen la indecencia y la poca ética de anunciarse en plazas de mecanotubo….

Las figuras deben torear en plazas de responsabilidad si queremos que el sistema no se desequilibre.

La crisis económica ha hecho que pasemos de la opulencia. De ver al Juli, a Ponce o a cualquier figura en el pueblo más remoto, a pasar a dejar de dar festejos o dar espectáculos impropios.

Ni una cosa ni la otra. El mercado debe equilibrarse. Una figura debe matar 50 corridas como máximo. Comparecer en Madrid, al menos 3 o 4 tardes, con todos de diferentes encastes y dando la cara. Una figura debe medir sus comparecencias y, como he reiterado por activa y por pasiva debe anunciarse con EL TORO, no con la borrega.

Compareciendo en las ferias de primera categoría y en las capitales de provincia tendrían cubierta su temporada.

El resto de mercado debe estar destinado a festejos de otra índole, dando hueco a matadores de la parte media y baja del escalafón y, sobre todo, fomentando la celebración de novilladas.

Volviendo a la cuestión de las mal llamadas figuras del toreo. Es imperdonable que, en los tiempos que corren ninguno de ellos haya tenido el gesto de bajarse el caché bajo la exigencia de reducir el precio de las entradas para favorecer el asistencia de público.

A día de hoy no hay un torero que, por si solo, sea capaz de poner el no hay billetes en una plaza de primera categoría. La temporada de José Tomás no es ningún ejemplo.

Sobran empresarios y falta autogestión. Sobran figuras a cualquier precio y en cualquier sitio, sobra el medio toro…. Y falta afición.

Queda mucho por hacer. Quizá demasiado.

Lo bueno de todo esto es que esa labor debe empezarse desde la base. Y esa base con personas como vosotros. Clubes y asociaciones como el Club Taurino de Calahorra.

Aficionados que viven y sienten la fiesta de los toros como parte de su vida.

Personas que no entienden esta fiesta sin tener al toro como protagonista.

La próxima vez que os sentéis en un tendido tened presente que… “…La fiesta de los toros sin el toro como protagonista, es un simulacro sin sentido en el que el toro es el gran perdedor de su gloria y el aficionado se convierte en el eterno sufridor de algo sin sentido que resulta ser el negocio de unos cuantos…”

Porque nada tiene importancia si no hay toro. Por una fiesta íntegra, auténtica y justa. Está en nuestras manos. Animo, y a luchas por lo que queremos.

Gracias por vuestra atención. Felices fiestas y larga vida al Club Taurino de Calahorra.

 

 

 

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