D. FRANCISO ALONSO-FERNÁNDEZ .
CATEDRÁTICO EMERITO DE PSIQUIATRÍA Y PSICÓLOGIA MÉDICA POR LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID Y ACADÉMICO NUMERARIO DE LA REAL ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA.
HA ESCRITO DOS LIBROS QUE HACEN MENCIÓN A LA REALIDAD DE LAS SUPUESTAS APARICIONES DE EL ESCORIAL
En la rueda de prensa D. Francisco Alonso recordó porqué motivo exploró a la vidente de El Escorial.
Por haber estudiado el Palmar de Troya fué llamado a acompañar a la Comisión nombrada por el Cardenal Suquia.
En dicho libro narra la "patraña" montada por la vidente y el psicogrupo que la rodea.
En la exploración"siempre estaba detrás de la puerta el sacerdote que la acompañaba".
"ni a mí, ni al obispo monseñor Reñe se nos permitió observar los supuestos estigmas que le aparecían los viernes".
"la vidente posee personalidad histriónica : fantasiosa, confabuladora, no distingue la fantasía de la realidad, con conciencia alterada."
"los estigmas son de origen artificial, originados por ella o por otra persona"
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D. ALFONSO NAVALÓN GRANDES
Ha sido el mejor crítico taurino de la historia.
Fue sacado dos vece por la puerta grande de Madrid a hombros de los aficionados. Era el crítico taurino que mejor veía los toros. Escribió un libro. Fue libro de texto de la Universidad de la Sorbona de París.
Por ser quien era, destacamos lo que opinaba del místico.
José Tomás no ha descubierto nada en el toreo. Se pone en el mismo sitio y tiene la misma técnica que Manolete, Pedrés, Pedrín Benjumea, El Cordobés y Ojeda. No tienen nada que ver con Pepe Luis Vázquez, Antonio Ordóñez o Rafael Ortega y no hablemos ya de Domingo Ortega y Juan Belmonte. Son toreros heterodoxos, cuya técnica está en la ventaja de citar en corto y el aguante de estarse quietos.
Lo cierto es que la mayoría estaba con José Tomás, como los del Palmar de Troya estaban con el papa Clemente. Por ceguera, por puro fanatismo o porque se han creído todo lo que dicen cuatro cronistas vendidos de este mozo con aire de sansirolé.
Es que después de ser incapaz de ligarle media docena de pases a un borrico protestado por inválido y con los pitones por debajo del hocico, y de recibir estúpidas ovaciones por cada pase barullero y enganchado, le arreó al borrico un bajonazo y, creyendo que estaba muerto se quedó en el tercio mientras el bovino a lo lejos ba-beaba tablas sin dejar de andar. Al ídolo de las muchedumbres necias se le paralizó el cerebro y se quedó allí plantado como un sansirolé, convencido que el toro estaba muerto y que su bajonazo era una certera estocada.
José Tomás ¡no sabe torear!
Ya anticipábamos después de lo de Sevilla que José Tomás tenía ya tomada la plaza de Madrid con poquísimo que hiciera. Porque a este muchacho extraño y místico le aplauden hasta las intenciones. Da lo mismo que los muletazos sean una sucesión de enganchones o que el toro ande a su aire por todos los terrenos de la plaza, sin que atine a lidiarlo ni a someterlo. Él se limita a quedarse quieto como un poste y a dar pases arrimándose todo lo que puede. Y la gente empieza a aplaudir sin que le importe que el pase sea bueno o malísimo. Hasta los desarmes despiertan clamorosas ovaciones. Un desarme rompe la faena y en todas las plazas serias había la costumbre de parar la música en cuanto el torero perdía la muleta. Perder la muleta es perder los papeles. Es como el piloto que se sale de la pista.
Solo nos queda que Dios y el místico nos iluminen y podamos llegar a ver la luz. Podamos con nuestra fe, poder integrarnos a la gran lista de seguidores que ven al Mesías. Somos muy desgraciados sin poder llorar de emoción por esas placitas de España.
No perdamos la esperanza y esperemos que la gracia del místico nos ilumine o estaremos acabados.
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