UN PALCO SIN NORTE

Si ayer Francisco Tello estuvo acertado en la mayoría de las ocasiones, hoy no ha tenido la misma suerte. Primero por aprobar para esta tarde toretes tan escasos de trapío. ¿Dónde estaban los pitones? Segundo, ¡vaya lío que tenía con los pañuelos! En el primero ha tenido el verde en la mano y no lo ha sacado. El Juli se queda sin la oportunidad de tener oponente.

Y el lío que se ha formado en el cuarto por no sacar el pañuelo rojo antes. No se podía picar el animal y el presidente dejó que el público se encabronase por culpa un toro manso. Discutí fuertemente con un señor que estaba sentado delante de mí por este tema. Me decía que se puede devolver un toro por manso, que si el torero pide que lo echen al corral está permitido.

Yo le dejé por imposible porque veía que no entraba a razones, que no sabía que existían banderillas negras para los mansos. Pero el ridículo del palco no sabiendo como reaccionar ante esta situación me dejó helado y más me quedé al ver cómo cuando El Juli tomó la espada nada más coger la muleta y tras varios doblones lo mata el señor Francisco Tello y su asesor veterinario se partían de la risa en un lugar demasiado serio. Quizás alguien cercano contase un buen chiste, pero no es el sitio apropiado para troncharse de risa.

Pero hay más cosas demasiado serias que han relacionadas con el palco, tan serias como la concesión de trofeos. Que salgan los mulilleros y se queden parados esperando ordenes, no sé de quién pero esperan, para que la gente se vaya calentando y esa inercia de sacar pañuelos se extienda por toda la plaza es de vergüenza. En el quinto, segundo de Eduardo Gallo, se ha visto perfectamente. Han tardado en salir casi dos minutos al ruedo, han ido a pasito lento y se han parado a cinco metros del torito. La petición era mayoritaria después de ir muy en aumento, y se le da la oreja.

Pero lo grave viene en un gesto del señor Pablo Chopera gesticulando con el brazo para que sacase el segundo pañuelo antes de que se movieran las mulillas. El presidente obedece al empresario. Y además apoderado de ese torero. Dos orejas por decreto. Las mismas que se le pedieron a Cayetano en el segundo, pero los mulilleros no recibieron ordenes de esperar un poco para que la petición fuese mayor. Grandes diferencias cuando las faenas habían sido muy, pero que muy parecidas. Ninguna merecía los dos trofeos, pero el listón debe ser el mismo para todos. La parcialidad  y el nerviosismo del palco han quedado hoy al descubierto.

Ya he dicho que El Juli le ha tocado bailar con la más fea. Sin fuerza su primero y lío gordo en el cuarto. No ha tenido muchas posibilidades con su lote, y encima hoy no ha matado como acostumbra. Triste paso por Salamanca, pero puede pasar si te apuntas a una corrida-novillada como la de esta tarde

El Gallo ha estado tan firme y templado como despegado y fácil. Ha lanceado a pies juntos – luego no se carga la suerte- a su primero y lo ha dejado crudo en el caballo. Un picotazo que el palco no debió permitir. Con la muleta ha sufrido enganchón tras enganchón que eran aplaudidos con mucho entusiasmo. Un torito sin transmisión y un torero demasiado cómodo. Un bajonazo y oreja de regalo.
En el quinto no ha dado ni un lance rematado de capote y ha dejado descansar un ratito al toro después de pegarle en el caballo. Comenzó el trasteo con mucho temple pero abusando descaradamente del pico. Ha dado derechazos demasiado despegados y en cada pase de pecho he contado hasta tres enganchones. La gente aplaudiendo como loca. Algún natural suelto de mérito ha sacado, pero la faena ha sido poco contundente para que el señor presidente, por orden del empresario, haya concedido dos orejas. En total tres trofeos muy engañosos para el torero de la empresa.

Fernando Domecq – Zalduendo- estaba en el callejón para ver a su fiel Cayetano, aunque seguro que también vino porque Domingo Hernández es un de los salmantinos más fieles a su clan. Pero no creo que se haya ido muy contento, ni por los toretes ni por el torero. Poco inspirado he visto hoy al menor de los Rivera Ordóñez. Brindó sus dos faenas al público, había que calentar al personal. En el tercero empezó a soplar un fuerte viento que no dejó ver nada y en el sexto, un becerrote,  ha visto como el público estaba con las ganas de seguir pasando por alto todo. Alguna tanda de calidad ha dado, pero la colocación ha dejado mucho que desear toda la tarde y cuando se ha cruzado se lo ha sacado hacia fuera descaradamente. Una oreja y petición de la segunda. Bien aquí el presidente por no concederla. Lo mismo que debió de hacer el toro anterior.

Dije a Jon que no escribiría mucho de esta tarde, entre otras cosas porque no ha habido toros en la plaza. Y si no hay integridad y trapío - en Salamanca no hacen falta elefantes-, ha esto que lo llamen como quieran pero, por favor, que no digan que esto es una corrida de toros. Y menos con ese palco.

 

 

 

 

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