De las 3000, más o menos, personas que hemos acudido a la corrida de esta tarde en La Glorieta ni 25 han salido hablando de toros. Este el verdadero resumen del festejo. Ni toros ni toreros. Se han lidiado 6 astados de José Sánchez Benito, anunciado en los carteles como La Campana, muy faltos de fuerza y nada sobrados de casta. El señor Cubino ha permitido que dos toros inválidos se hayan librado de volver a los corrales. Otro ahorro para la empresa en un festejo en el que las ganancias, aunque haya había poca entrada, deben de haber sido muy cuantiosas porque con Manolo Sánchez, Antonio Barrera y Serafín Marín, no creo que haya muchos gastos. La corrida tampoco creo que haya sido muy cara y más cuando ha sido muy justa de presencia y de edad. Tres nacido en septiembre de 2003 – deberíamos haber cantado el cumpleaños feliz- y los tres últimos nacidos en agosto del mismo año. Alguno mucho más pequeño que los novillos de ayer, y sospechosamente escobillados cuatro de ellos.
El vallisoletano Manolo Sánchez ha dejado claro que no está ya para andar por las Ferias. Ha brindado a Revesado, que debería haber tomado hoy la alternativa, el toro que abría festejo y que debía haber vuelto a los corrales. Descaradamente fácil, no le ha adelantado la muleta una sola vez y siempre ha citado al pitón contrario. Ha entrado a matar a sus dos oponente con una precaución tremenda. Exageradamente pesado y monótono en su segundo, al final ha sido pitado ligeramente y ha decidido no seguir aburriendo al personal. Aún ayudando por arriba al quinto y sin haber picado casi nada el torito se ha echado. Parte del público a gritado ¡toros, toros!, pero demasiado tímidamente para lo que estábamos viendo.
Antonio Barrera ha toreado esta tarde bien sabemos por qué. Es el yerno del ganadero. Y como tal han entrado en la plaza varias docenas de personas –imagino que personal de la constructora de la que es propietario el señor Sánchez Benito-, colocadas estratégicamente, para intentar animar al público. La oreja que ha recibido en su segundo es de risa. De pueblo. A la segunda tanda ya estaba la música tocando para levantar la tarde, y aunque le ha dado todas las ventajas al animalito, ha estado como La Chata. Despegado y ventajista, ha demostrado que poco queda de aquel Barrera que prometía y hasta gustaba. En su primero ha estado aún peor, sin hacer otra cosa que dar voces que se oían por toda la plaza y dejarse enganchar en cada pase la pañosa.
El catalán Serafín Marín ha tendido que lidiar con los dos más deslucidos, pero tampoco ha puesto mucho de su parte. En el tercer toro ha dejado tropezarse el capote en cada lance, la lidia ha sido horrorosa y con el trapío que tenía el torete aquello parecía más bien un festival de Las Hermanitas. Otro animal que el señor presidente nos ha colado. Cada dos pases se desplomaba y encima el torero intentaba sacar algo que no había. Agonía innecesaria. En el último de la tarde ha estado sin cruzarse una sola vez y dando medios pases, además de dejarse enganchar cada trapazo. Muy deslucido el toro, y demasiado gris el torero.
Tarde muy deslucida en cuanto a ganado y terna de la que se esperaba algo más, sobre todo por parte de una ganadería de la que la prensa ha escrito maravillas. Ha quedado demostrado que no se pueden lanzar antes de tiempo las Campanas al vuelo.
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