Fácil, muy fácil.

por Vicente Sánchez López

Me esperaba que en la novillada de hoy se cortasen cinco o seis orejas, y si no llega a ser por la espada por supuesto que se habría alcanzado esa cifra. Sólo han sido dos los trofeos cortados, y el premiado ha sido Román Pérez. Puerta grande demasiado fácil. Los utreros de Antonio Palla, desigualmente presentados, perdían las orejas. Los tres primeros han permitido a los chavales hacer lo que han querido. Se ha podido ver a cada uno como es. Los tres últimos han sido más deslucidos y faltos de casta, aunque también podían haber sido mejor aprovechados.

En el primer novillo el local Juan Antonio Siro ha estado muy a gusto, demasiado a gusto. Le tocó en suerte un utrero que embestía por abajo y hasta el final en la muleta con una calidad tremenda. El sueño de cualquiera que se ponga delante. Pero algo ha fallado en cuanto ha cogido la mano izquierda. El novillo empezó a hacerse dueño de la situación y la faena bajó mucho de nivel. No ha estado muy acertado con la espada y ha tenido que entra dos veces y dar tres golpes con el descabello. Ha sido ovacionado, pero más palmas recibió su oponente. El mejor del encierro, y es que hasta el 8 –los ganaderos- ha aplaudido casi por unanimidad.
Con el cuarto de la tarde ha sucedido algo que ha condicionado mucho su lidia. No es que hiciese muchas cosas buenas de salida  pero en el tercer par de banderillas fue a caer en el hoyo del puyazo. Los dos palos clavados hasta la mitad en el morrillo son casi mortales de necesidad.  Poco había que hacer ahí porque el animal no podía ni embestir, Siro alargo innecesariamente la faena porque su oponente estaba agonizando. Mala suerte, pero debió abreviar en ese trasteo porque no había posibilidad.

El madrileño José Manuel Mas no ha justificado el lugar que ocupa. Lo ha hecho todo los una facilidad tremenda. Su colocación al inicio de cada serie no era mala, pero la forma en la que se quedaba fuera de sitio en cada pase era de órdago. Sin someter al segundo novillo, ha estado toda la faena metiendo los riñones cuando ya pasaba el novillo. Mucha estética y poca pureza. De cualquier forma si no llega a pinchar y dar una estocada trasera se le hubiese premiado con un apéndice. Una oreja fácil.
En el quinto, un novillo casi del mismo tamaño que los que mataron sin picadores los de La Escuela el día del desenjaule, ha estado muy precavido. No sólo no se ha cruzado, si no es que no ha adelantado nada la muleta ni una sola vez. Medios pases sin lucimiento porque además ha tenido varios enganchones y algún desarme. Además de  perder la muleta las dos veces que entró a matar y pasaportar a su oponente con un bajonazo.

El triunfador de la tarde, Román Pérez, ha realizado dos faenas muy parejas, demasiado iguales. Unos cuántos hemos salido con la sensación de ver a Ponce en lugar de al novillero francés. Seguro que muchos hablaran de técnica y temple. Lo segundo es indiscutible que lo tiene, enseguida le coge el aire a los novillos, y si llamamos técnica a la facilidad con la que cita y remata los pases, pues entonces es muy técnico. Porque en su primero ha estado tirando líneas toda la faena, pero como el animal repetía y el no le obligaba pues las tandas se sucedían y la gente ovacionaba. La música siguió tocando aunque le desarmara. Con un pinchazo, una estocada trasera y contraria, y tras petición, más con ruido que con pañuelos, ha sido premiado con la primera oreja de la Feria. 
El trasteo al último de la tarde ha sido una copia de su primero No ha obligado nada al novillo, ha estado fuera de sitio toda la faena pero como los medios pases se sucedían daba igual la colocación. Había que sacarlo por la Puerta Grande. La estocada en la paleta y dos descabellos han sido el colofón a un trasteo premiado con otra oreja, que al igual que la anterior fueron demasiado fáciles.

 

 

 

 

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