| Por Vicente Sánchez López.
Dicen que los gitanos no quieren hijos con buenos principios, pero es que lo de hoy ha sido para desesperarse. Me esperaba mucho de los toros de Adelaida Rodríguez, pero no me han gustado nada. Presentados de tres en tres, han salido al ruedo toros más pequeños que algunos novillos que esta misma ganadería ha lidiado en Ferias pasadas. Algunos tapados por delante, han salido sin remate, cinco de ellos nacidos, según las actas, en agosto de 2003 – mala época para que paran las vacas-, o sea, recién cumplidos. Demasiado descastados, todos han salido abantos y la mayoría han ido a morir a chiqueros. En los caballos no han sido bravos que digamos, pero tampoco han salido huyendo. Se han dejado pegar sin más.
Nos hemos tragado un par de ellos que no podían con su alma, sobre todo el primero, el de la alternativa de Francisco Javier. Sin ninguna fuerza desde que salió, era todo bondad. Protestado por parte del respetable, el señor Tello se lo ahorró a la empresa. Con ese animal el recién doctorado poco podía hacer, pero es que tampoco puso mucho de su parte. Le recetó una estocada caída y recibió palmas como premio a su labor.
En el sexto toro ha estado voluntarioso pero falto de ambición. Debía de haber apostado más fuerte. Mucho enganchón y demasiada facilidad en los cites, ha estado doce minutos de faena y sólo ha recibido un aviso. El día de su alternativa no ha sido muy afortunado.
Juan Diego recibió a su primer oponente demasiado desconfiado, sin estirarse con el capote y con el inconveniente de la falta de fuerza del astado. Picado horrorosamente mal, muy trasero, el toro salió como una malva hasta que los capotazos a destiempo, sin criterio ni orden han hecho que en el tercio de banderillas se haya formado una buena. Se han quedado clavadas en el toro 3 banderillas de cinco pares que se intentaron poner. En ese periodo de tiempo el toro se ha recuperado y Juan Diego no debe haberlo visto. Ha comenzado la faena por arriba, cuando había que comenzar sometiendo al toro. No lo ha obligado ni una sola vez y el de Adelaida se ha ido orientándose y poniéndose a la defensiva. Se ha visto mucha inseguridad en el torero, desconfianza confirmada en su segundo toro. Ha visto salir por chiqueros a un verdadero tío, y ha cogido el camino más fácil. Dos puyazos tremendos y una voltereta a la salida del segundo por si era poca la paliza. Con la muleta no sabía si coger la derecha, si coger la izquierda, si sacarlo fuera o si dejarlo dentro del tercio. Un verdadero vacío de ideas ante un toro que no hizo nada raro. Al menos que yo viera. Quizás su error fue ser demasiado toro.
El tercero ha sido un torito que llevaba a la rastra la pata derecha cada vez que se arrancaba y no ha sido casi ni picado. Nadie ha protestado. Las ganas de Castaño se fueron diluyendo ha medida que avanzaba la faena y el animalito se ponía más la defensiva. No se puede sacar agua de un pozo que está seco. Muy fea la estocada en la mitad del lomo y poco serio el salir a saludar con tan poco bagaje.
Bastante parejo en presentación fue el segundo de su lote. Muy mal lidiado desde el inicio, era también un derroche de suavidad. Huyendo de la muleta desde el principio de faena, enseguida se fue al abrigo de las tablas del 2 y no salió de allí en todo el trasteo. Javier Castaño intentó meterse con él, pero dos no se pelean si uno no quiere. Antes de entrar a matar echó mano del recurso fácil de las manoletinas que tanto gustan al personal pero la estocada tan horrorosa que le propinó disipó cualquier atisbo de petición de oreja. Atravesada, haciendo guardia, y perder la muleta son demasiados defectos para la suerte suprema.
Demasiado poco bagaje para una tarde en la que los que fuimos a la plaza nos esperábamos mucho más. Sobre todo del ganado.
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