por Eneko
Tercera de feria de las Corridas Generales. Toros de El Pilar, en tipo Aldeanueva, bien presentados en general, de juego desigual, con más genio que bravura.
Fue tarde de luces y sombras, pues a pesar de algunos detalles, tampoco hubo espectáculo para saltar de alegría.
Se despedía César Rincón, que se topó con un manso encastado que le salía el genio por todos los costados. No pudo con él. Pegó un sainete a espadas. En el segundo de su lote, poco se lució ante un toro de no mal fondo, instrumentó algunos derechazos de mérito, aunque el inicio de la lluvia entretuvo más a la gente con los paraguas y chubasqueros que con lo que acontecía en el ruedo. Nada con sifón.
José María Manzanares anduvo facilón con un lote que también desarrolló genio. Detalles y posturas fuera de cacho, sin cruzarse en ningún momento. Algún remate con torería y empaque, rebozánzose y gustándose. Tampoco para tirar cohetes.
Luis Bolívar topó con un buen sexto al que le costó un mundo ver. El toro marcaba distancia y terreno y parecía que el colombiano no terminaba de darse cuenta. Tardó media faena en ver las bondades del pilareño y, finalmente, rompió en un entonado trasteo que debió ir a más pues el toro tuvo un buen fondo digno de mejor labor. Por debajo.
En definitiva, una corrida desigual de comportamiento, con un primero harto de genio, un segundo blando pero noble, con recorrido, un tercero al que le administraron una lidia desastrosa, un cuarto con poca clase, un quinto encastado que no terminó de romper y un sexto de buen fondo. Para todos gustos.
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