3ª de Semana Grande. Puff, pufff, pufff y pufff.

 

Tercera corrida del abono de la Semana Grande del 2007. Un poquito más de media plaza. Toros de Javier Pérez Tabernero. Se les simuló a todos la suerte de varas, algunos no sangraron ni para un análisis. Mansos, terciados menos el sexto, tapados por los pitones, blandos y bien afilados de pitones. Enrique Ponce, silencio tras aviso y saludos. El Fandi, silencio en ambos. Sebastián Castella, ovación y silencio.

Bufff que tarde, pero no por el calor, los cuatro buff son uno por el de la cabeza, otro por el recortador el tercero por el del valor para no torear y el último por los mulos del encaste Atanasio. Bueno mejor dicho por los ponis.

Mira que la gente de Illumbe sigue aplaudiéndolo, aplauden a hasta cualquier banderillero que consiga dejar los palos arriba, pues ni por esas. Hoy creo que han saludado casi todos. Los matadores aburriendo a un muerto, bueno lo de matadores tampoco, pues todos se dedicaron a aburrir con los sainetes de la espada.

Cierto es que, si llegan a matar meridianamente bien, alguno se hubiera llevado una orejita para el hotel. Si se la llevó ayer Talavante… hoy con más razón, hasta el Ponce se hacia cruces que en el cuarto no se la hubieran regalado. Pero su gozo en un pozo.

Menos mal que todavía, algún día va algún aficionado de los de verdad. De los de antaño, que no le dan gato por liebre y además con gracia. De los que todavía son capaces de llamarles a los toreros sinvergüenzas. De los que cuando uno se reía del respetable gritaban “a la cárcel con el” Ahora ya no, ahora los que van a las plazas son los influidos por los programas del tomate o por la prensa basura, que llevan a la señora con tal de que les dejen beberse unos cuanto güiskises, y encima mandan callar a los que saben, claro con el morro caliente, así cualquiera.

Han llegado las figuras y la tomadura de pelo ha sido total. Tomadura de pelo con los inválidos ponis del encaste Atanasio y tomadura de pelo de los figurillas. Claro que estando el maestro en estos menesteres, el de la cabeza privilegia, el enfermero mayor del reino, el de la faena repetida mil veces, pues eso los discípulos no lo podían soliviantar. Así está esto.

 

 

 

 

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