FRESAS CON NATA

Por Miguel Machimbarrena

17 de marzo de 2007. Plaza de toros de San  Sebastián. Primer festejo del V Memorial Manolo Chopera. Un quinto de aforo siendo generosos. Se lidiaron seis novillos de Bucaré (encaste santacoloma) irreprochablemente presentados, encastados, nobles, alguno incluso pastueño, no sobrados de fuerza, de los que a excepción del sexto, silenciado, todos fueron ovacionados en el arrastre, siendo el quinto premiado con una injustificada vuelta al ruedo. Daniel Luque: silencio tras aviso y silencio tras aviso. Pérez Mota: palmas y una oreja. “El Santo”: una oreja y silencio Agustín González se desmonteró tras dos buenos pares al quinto y destacó en la brega del sexto Rafael Cañada.

Estamos ya metidos en la época de la fresa, una fruta que resulta apetitosa y que se puede degustar de mil maneras. Los más golosos la consumen con nata montada, que siempre va acompañada de más o menos azúcar, y de esa forma además de aminorar su acidez logran con la combinación un postre que es una auténtica  golosina. Pero, no  confundamos, la mezcla tiene que estar bien hecha y no debemos poner excesivas fresas y poca nata, o viceversa, porque el resultado puede ser como el que ha acaecido esta tarde en Illumbe y que al final el sabor de boca no sea el deseado. ¡Ay, Señor, Señor!, que cuatro de estos seis novillos se hayan ido al desolladero con las orejas puestas, como los trajo al mundo la vaca que los parió y que otros dos, sólo gracias a un público bondadoso, nada más  hayan dejado un apéndice auricular en manos de sus lidiadores es un ejemplo, nada halagüeño por cierto, de cómo está la fiesta.   

Sin ser excelente ni extraordinaria, como pretendían a la salida de la plaza algunos militantes del taurineo oficial y militante donostiarra, la novillada de Bucaré resultó interesante y, aunque le faltó un poco de picante y lo sobró algo de dulzura, lo que de alguna manera le restó emoción al festejo, se puede decir que fue en su conjunto algo a lo que los aficionados nos abonaríamos todos las tardes, y que, sin lugar a dudas, estuvo por encima de sus lidiadores. Los seis llegaron a la muleta embistiendo con fijeza, alguno incluso amagando hacer el avión, humillando, obedeciendo al toque con franqueza y sin hacer ninguna cosa fea.  Daniel Luque, el más académico en el sentido de la colocación y las distancias, tuvo el defecto de torear despegado y sacándose al  primer novillo para afuera por lo que su labor no tuvo calado en los tendidos y pese a pasaportarlo de una excelente estocada arriba se silenció su labor. En el cuarto, al que mató de un indecente bajonazo atravesado, comenzó bien colocado ligando dos aceptables series pero la faena fue de más a menos para finalizarla con tandas fuera de cacho, tomándose todas las ventajas, sin que el respetable tampoco se pronunciase al final de la misma.

Pérez Mota no pudo al segundo al que, a pesar de todos los muletazos que le instrumentó, ni dominó ni sometió en ningún momento. Muy por debajo del novillo necesitó de un bajonazo tendido y trasero, en el primer envite, y de otro espadazo tendido para mandarlo al desolladero, escuchando palmas. En el quinto, al que se le dio la vuelta al ruedo injustificadamente, ya que ni se empleó en la segunda vara saliendo suelto y se aculó en tablas en los prolegómenos del segundo tercio, realizó un excelente quite por verónicas rematado con una media de cartel dando réplica al realizado por chicuelinas por “El Santo” en su turno reglamentario. Entendió bien al  novillo y citándolo en el sitio condujo la templada embestida del mismo en series que fueron ganando en calidad a medida en que confiándose y rematando los pases hacia adentro consiguiendo elevar el tono de la faena al nivel de la misma con una buena tanda de naturales en las que, incluso, llegó a embraguetarse. Mato de estocada caida, trasera y tendida y se le premio con una oreja.

Julien Duddeing “El Santo”, trabajaba a favor de obra porque un elevado número de los espectadores que acudieron hoy a la plaza donostiarra procedían de Francia. El gabacho, verde como las vueltas de su capote, vulgar como un ladrillo y tramposo como el que más, banderilleó con más pena que gloria a sus dos oponentes y realizó al tercero una faena en la que abusó del pico y en la que no supo acoplarse a la templada embestida del de Bucaré en una labor de cara a la galería sin profundidad y llena de efectismo. Trapazos  por doquier citando de perfil y al hilo del pitón que culminaron con una estocada tendida y trasera pese a lo cual se pidió mayoritariamente la oreja que concedió la presidencia. En el que cerró plaza pretendió hacer lo mismo, pero el novillo que, sin hacer ninguna cosa fea, fue el que más genio desarrolló a lo lago de la tarde lo dejó en evidencia no permitiéndole ninguna ventaja, por lo que labor del francés adquirió tintes lamentables, algo que culminó con un  auténtico mitin con la espada necesitando de seis pinchazos, perfilándose fuera y huyendo de la suerte, y  un indignante golletazo que hizo guardia.

Fresas con nata en esta novillada de Illumbe, algo de dulzor y un bastante de acidez, donde ha habido novillos para encumbrar a sus lidiadores y donde éstos han dejado pasar la oportunidad sin enfadarse, haciendo lo que saben, lo que traen aprendido, lo que en definitivamente les enseñan y lo que, por desgracia, entra en el guión de lo que es el toreo de hoy en día.  

 

 

 

 

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