Con la iglesia parroquial de San Pedro del barrio de Igueldo completamente abarrotada el sábado 13 se ha celebrado una misa funeral por el matador de toros donostiarra José María Recondo, fallecido el pasado día de Navidad en Torremolinos (Málaga), su lugar habitual de residencia.
Fueron muchas las personas, relacionadas con el mundo de los toros, aficionados en general y amigos, que quisieron rendir un último homenaje al único torero que ha dado San Sebastián y, al mismo tiempo, acompañar a su familia en la ceremonia religiosa que ha tenido lugar en su memoria
Al comienzo del oficio religioso el único hijo varón del diestro fallecido, llegado expresamente de tierras malagueñas, glosó la figura taurina y, sobre todo humana de su padre, encadenando una serie de citas extraídas de los numerosos artículos aparecidos en diversos medios de comunicación nacionales que recordaron a José Mari tras su fallecimiento.
Sentidas palabras fueron, así mismo, las del sacerdote oficiante durante la homilía en la que se hicieron alegorías y paralelismos taurinos y en donde, también, se hizo patente la humanidad y la generosidad, ese volcarse en ayudar a los demás, que fue una constante en la vida del maestro de Igueldo.
Voces mixtas de la Agrupación Sasibil, femeninas del Orfeón donostiarra y masculinas de la sociedad Gaztelubide dieron realce al acto interpretando diversas composiciones religiosas, para terminar finalmente entonando el Aurtzo Txikia , esa entrañable canción de cuna que, en su caserío Martikoten, escuchaba José Mari de labios de su ama cuando era niño.
Una ceremonia que, sin duda, le hubiera gustado al amigo y al torero recientemente desaparecido, en la que al final de la misma el numeroso publico asistente pudo testimoniar su condolencia a toda la familia Recondo. Goian bego, José Mari. |