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Quinta corrida de la Semana Grande.
Toros de San Martín, inválidos, descastados
y justitos de cara. Un día más simulacro
de los picadores, menos en el quito que le arrearon hasta
dejarlo medio muerto. Finito, bronca y bronca. Morante
de la Puebla ovación con saludos y bronca. El Cid
ovación con saludos y oreja. Se desmonteraron Curro
Molina, El Boni y Alcarreño. Algo más de
media plaza.
Ya resulta mosqueante que te paren los
vecinos o te llamen los amigos, esos a los que han echado
de la plaza, para decirte que tal hoy. Resulta mosqueante
porque haber como les dices, que un día más,
la cosa terminó con almohadillas en el ruedo, tanto
por culpa de los matadores como por el ganado.
Ya sé que en esta página
ya lo habíamos advertido, pero siempre te queda
la esperanza que alguna tarde salgamos toreando de Illumbe.
Esto parece ya una utopía. Todo el mundo sale mosqueado,
cabreado y de mala leche, echando pestes de los toreros,
de los toros y de la empresa y por extensión de
toda la cuadrilla de aduladores que han estado diciendo
que este año se habían mejorado los carteles,
tanto de toros como de toreros. Siendo nosotros los únicos
que habíamos vaticinado el desastre un año
más. Y eso que no tenemos ni puta idea.
Claro que a nosotros no nos invitaron
a comer, ni beber, ni tan siquiera a la presentación
de los maravillosos carteles, que por cierto, eran tan
buenos que iban a llenar tres días o más
Illumbe. Illumbe no lo llena ya ni aunque regalen las
entradas, esas que cuestan un 45 % más que en cualquier
plaza del estado.
Bueno pues después de vender la
burra de la corrida de hoy, ha supuesto un fiasco más
y para nosotros desde luego no es de extrañar,
por mucho que a la gente desde distintos medios afines
les hayan contado milongas.
El Finito ni lo ha intentado, en ninguno
de sus dos toros. No han sido ni mejores ni peores que
los del Cid o el primero de Morante, lo que si es diferente
es la cara dura de uno, con la profesionalidad de los
otros. Y aquí me vais a permitir que no le eche
todas las culpas al de Sabadell, las culpas son de quien
los contrata, de quien año tras año nos
toma el pelo metiendolo, en los carteles y de esos personajillos
femeninos de la jet de Donosti que en la presentación,
se permiten el lujo de decir que no hay que mirar a quien
meten, si no a quien quitan. Espero que estén tomado
nota del ridículo que están haciendo y para
el año que viene quiten a los Condes, a los Ponce,
a los Finitos y alguno más que, seguramente en
estos tres días que nos quedan, harán el
ridículo en la plaza.
Ya sé que esto no ocurrirá,
que nos seguirán tomado el pelo con estas figuritas
de mierda, que a lo único que vienen año
tras año es a reírse de la sufrida gente
que les lee en las revistas del corazón.
Morante estuvo muy bien con el invalido
manso segundo. Torear torear, una tanda de naturales y
un temple extraordinario, midiendo los tiempos entre tanda
y tanda que sabían a gloria bendita. Despacito
muy despacito hizo las cosas Morante, quizás lo
único bueno que veamos en toda la Semana Grande.
Pena de espada que no quiso entrar a la primera, pinchazo
media perpendicular y tres descabellos hizo que la gente
no pidiera más trofeos que un ovación a
la que José Antonio respondió saludando
desde el tercio.
El quinto no le gustó y permitió
que lo masacraran con tres puyazos, cuando el toro no
aguantaba ni uno, ni lo intento ni quiso intentarlo. El
toro sin ser malo pedía el carnet y como estos
toreros solo pueden con los que no piden este documento,
Morante tiró por la calle del medio, ante el abucheo
y la bronca de la gente. Por momentos pensamos que no
iba ni a matarlo, pero metió media caída
como pudo entre la bronca del publico, descabello también
entre pitos y encarándose.
Bueno y llegamos al torero de moda, al
que todo se le aplaude, los aficionados y los que de oídas
han decidido que este año sea El Cid el torero
a aplaudir.
La verdad es que disposición no
le falta. Empezó con el tercero de la tarde dando
unas tandas de derechazos, aliviándose mucho, pero
como la gente estaba caliente con las broncas, era hora
de aplaudir, así ocurrió toda la faena,
desapegado, mucho trapo al pitón contrario, distante
y sin agobios. Mató de seis pinchazos y una estocada
tendida después de que sonaran dos avisos. La gente
lo ovacionó saliendo este al tercio a saludar.
En el sexto, basó toda la faena
por el pitón izquierdo, que era por donde mejor
iba el toro. Más de lo mismo, despegado, distante,
sin sitio y sin confiarse. Al cobrar una estocada trasera
y caer el toro, se le pidió una oreja.
¿Que que tal hoy? pues eso lo mismo
que ayer, que antesdeayer y seguramente lo mismo que mañana,
por desgracia ni toros ni toreros, en esta plaza se está
convirtiendo en utopía lo de ver una faena minimamente
decente a un toro.

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