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Juan Antonio.
Toros del batiburrillo de Garcigrande
y de Domingo Hernández, es decir los mismos borregos
pero con distinto nombre. Cinqueños, descastados,
inválidos, parados, simulacro de la suerte de varas,
casi todos pitados en el arrastre menos el tercero y el
sexto bis pero más por las faenas de Eduardo Gallo
que por los meritos de los borregos. Enrique Ponce pitos
y pitos. Miguel Ángel Perera ovación con
saludos y silencio. Eduardo Gallo ovación con saludos
y ovación con saludos algo más de media
plaza que guardo un minuto de silencio por la muerte de
Manolo Vázquez.
No sé quien ha dicho en un periódico
local que da cancha al triunfalismo, que debíamos
olvidarnos del año pasado. Pues no nos dejan, porque
la primera corrida del ciclo, ha seguido las mismas pautas
que como terminó la escandalosa Semana Grande del
2004.
A pesar de los afines por intereses a
la empresa, con su campaña publicitaria desde hace
varios meses, como dicen los taurinos, el toro pone a
cada uno en su sitio. Hoy no ha habido toros en Illumbe,
aunque esto no es nada nuevo ha habido borregos que tampoco
es nada nuevo. Bueno pues los borregos que no toros han
echado por tierra todas las campañas publicitarias.
Solo dos han "servido"
o mejor dicho, las ganas de Eduardo Gallo han hecho que
sirvieran, porque la verdad es que en nada se diferenciaban
de sus hermanos de camada, pero las ganas, como decíamos
antes del salamantino, han hecho que se le dieran algunas
tandas que sinceramente nos han gustado.
Pero vayamos con los diestros porque de
borregos mejor no hablar.
Era el día de Enrique Ponce, ya
se sabe que entre las señoras y los pocos poncistas
que ya quedan, era una de las tardes en la que se esperaba
alguna oreja a nada que hiciera la cabeza privilegiada,
el torero de época, uno de los mejores de la historia,
como escribió alguien no hace mucho. Bueno pues
ni por esas, las madames tuvieron que dejar las almohadillas,
que es con lo que se pide la oreja en esta plaza, debajo
de sus posaderas y mira que tenían ganas de airearla.
La gran figura no tenia su día, esos días
que en otras plazas se inventa faenas y dicen que las
hace memorables, yo les juro que todavía no he
tenido la suerte de verle ninguna .
Hizo de enfermero ante un protestado primero,
pero nada más, ya el cuento lo tienen visto demasiado
la gente y no cuela. Dos pinchazos y un bajonazo trasero
y tendido hicieron que los espectadores y las madames
guardaran silencio mientras algunos le pitaron.
Mucho mas grande fue la pitada en el cuarto,
otro borrego del encaste bodeguero y de la casa garcichico.
Se puso pesadito intentándole dar algunas tandas
con la cabeza privilegiada el de Valencia, pero tampoco
coló el destoreo, pitos y algunas voces en los
tendidos, hicieron que desistiera de aburrir al personal,
aun y todo como de lo que se trata es de dar mantazos,
pues le sonó el correspondiente aviso, para que
no faltar de nada de su tauromaquia. Pinchazo aviso media
caída y descabello precedieron a una pitada. Todavía
algunas madames tuvieron el detalle de dedicarle unos
aplausos tímidos, por aquello de lo guapo que es.
Perera no ha dicho nada, con los borregos
de hoy nada se podía hacer ni decir, pero como
el maestro les ha dejado el camino marcado, para que aunque
no se pueda hacer nada, hay que intentar darle matazos
al toro, eso siempre queda bien, pues a ello se dedico
Perera, más en el quinto que en el segundo. A este
lo mató de estocada trasera y tendida la borrega
se echó en tablas. Salió a saludar desde
el tercio, por aquello que decíamos de dar unas
cuantas series de mantazos.
En el quinto la gente ya no quiso más
y le gritaron desde los tendidos que aliviara. Él
intentó aburrir un poco al personal, pero al final
debido al runruneo de la plaza recetó otro medio
bajonazo al manso y pitado borrego. Se fue para el callejón
y la gente guardo silencio.
Eduardo Gallo con la experiencia ya de
los dos borregos anteriores midió mucho más
al tercero, lo dejó un poco mas vivo, para intentar
salvar la tarde. Y a fe que la levantó, algunas
tandas por los dos pitones, con algunos muletazos buenos,
tanto con una como con otra mano. Cosa que nos alegró
porque además, no se puso encimista y podía
haberlo hecho, los borregos se prestaban a ello. Intentó
hacer bien el toreo, cierto es también que en muchos
momentos se quedó fuera de sitio. Media, aviso
y tres descabellos, hicieron que se enfriara un poco la
gente, porque si no se hubiera llevado una oreja, en lugar
de ello, salió a saludar desde el tercio.
Mala suerte tuvo con el sexto que salió
dando tumbos, huyendo a los chiqueros y sin querer guerra.
Perdió las manos y el presidente con buen criterio
ante la petición del sufrido publico, sacó
el pañuelo verde. El sexto bis era un elefante
de 640 kilos, pero borrego también, huyendo de
la pelea y ahí estuvo una vez más Eduardo
para meterlo en los engaños y ligarle algunas tandas
que por la poca trasmisión del elefante borrego,
no llegó a los tendidos con la suficiente fuerza.
Otro bajonazo echándose el toro, precedieron a
la correspondiente ovación con saludos desde el
tercio.
Mientras tanto la figura de época
iba preparándose para abandonar la plaza entre
una sonora pitada.
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