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Unos cinco mil espectadores se han dado
cita en Illumbe para presenciar cuatro toros en lidia
ordinaria de Bañuelos y dos para rejones de Carmen
Lorenzo. Mansos parados y defendiéndose los de
los toreros, pitados en el arrastre 3º y 5º
y dos sosos y mal hechos de Carmen Lorenzo para rejoneo.Pablo
Hermoso de Mendoza ovación con saludos y silencio.
Rivera Ordóñez silencio tras aviso y silencio.
Eduardo Gallo, aplausos y oreja tras aviso. Se desmonteró
en el segundo toro de la tarde el subalterno Joselito
Gutiérrez.
Una limpia de corrales es lo que hemos presenciado hoy
en San Sebastián. Hasta tres cinqueños han
saltado al ruedo. Los de Carmen Lorenzo no le han ido
a la zaga también bizcos y mal hechos. Los de la
ganadera salmantina han servido para que Pablo pusiera
varias veces la plaza en pie como ya es costumbre en este
rejoneador. 
No está el navarro en sus mejores
tiempos, banderillas a una mano dejando enganchar en demasiadas
ocasiones a los caballos, haciendo piruetas a mucha distancia
del toro, y sin dar una sola vez los pechos del caballo.
A su primer toro lo mató de un rejonazo en los
costillares, que no impidió que se llevara una
gran ovación, saliendo a saludar al tercio.
Volvió Pablo ha estar con excesivas
precauciones ante el bizco de Espino. Clavando a la grupa
y sin entregarse. Aunque bien mirado tampoco le hace falta
porque tiene todo justificado. Los espectadores no se
cansan de aplaudirlo. Mató a este de dos pinchazos
y media trasera. Silencio.
Llegaba Ribera Ordóñez una
tarde más a San Sebastián con la esperanza
de que por fin le viéramos algo en Illumbe. Pues
ni por esas. Mira que lo tratan bien con homenajes y todo,
pues nada ni un capotazo ni un muletazo se le ha visto.
Claro que el manso parado de Bañuelos le dio un
revolcón por su mala colocación y ahí
se acabó todo, bueno todo no, un sainete primero
para cuadrar al toro y luego una estocada en el costillar,
aviso y un descabello para terminar. Silencio.
El quinto tampoco le gusto para
desplegar el arte que dicen que atesora, claro que como
el picador le dio estopa para dar y regalar, no se como
pensaba el matador que el toro después iba ha embestir.
Sainete otra vez a la hora de matar, este vez con la espada,
seis pinchazo un una media tendida, para rematar la faena
con tres descabellos. Silencio incomprensible.
Digo incomprensible porque después
de doblar el toro, resulta que el entendido publico que
hoy había ido a Illumbe le tributó una sonora
bronca, al igual que cuando abandonaba la plaza. Los premios
o los castigos toda la vida en una corrida se dan cuando
el toro está en el desolladero, aquí en
San Sebastián no, aquí cambian las tradiciones,
antes de arrastrar al toro se expresan, luego ya hay que
ir a por los cubatas o escuchar la música tranquilamente.
Otro tanto pasó con Pablo Hermoso
de Mendoza pero al revés En su primero le pidieron
con relativa fuerza la oreja, que el presidente con buen
criterio no concedió, después de ver el
rejón de muerte en el costillar. Bueno pues lo
lógico hubiera sido que le hicieran dar la vuelta
al ruedo al arrastrar el toro las mulillas, pues no, también
silencio.
Eduardo Gallo se benefició de estos
anómalos espectadores que van a Illumbe. Hay que
decir que por lo menos le pone voluntad para intentar
hacer faena, toda la tarde intento que el publico se divirtiera.
Difícil lo tuvo ante su primero, el manso parado
no le dio ninguna opción y tras una estocada caída
fue aplaudido.
En el sexto, un veleto que parecía
que le habían rizado los pitones para atrás,
como se rizan las pestañas las señoras,
intentó Gallo no irse de vacío de la plaza
de sus apoderados y salvar la tarde, le costo un revolcón.
Sacó algunos muletazos sueltos pero se confundió
con el animal.
Debería haberse cruzado más,
llevarlo más tapado y dejarle la muleta puesta
para poder ligar el siguiente muletazo.
Independientemente de esta situación
se le ve con ganas con clase y habrá que seguir
esperándolo. Decimos esto porque le sacó
algún natural bueno a su enemigo. Se echó
el toro después de recetarle una estocada caída
y de escuchar el torero un recado del presidente.
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