Débiles pilares. Ruina inminente. Imprimir E-Mail
Escrito por Álvaro González Martín   
viernes, 01 de febrero de 2008
Cuando “El Mesías” está campando a sus anchas por América y perpetrando delito de estafa tarde tras tarde. Mientras, los defensores acérrimos de José Tomás no han dejado de atacar y difamar a los que hemos osado criticar su destoreo.

En tanto que los “carteles mediáticos” han llenado una temporada prolífica en injusticias para con otros toreros, los de verdad, grandes olvidados. A la par que suceden escándalos como los del afeitado del toro en Logroño, perteneciente a una de las partes vendidas de Jandilla. Y, finalmente porque podría estar citando tropelías de este paño en folios y más folios, cuando los indultos, hasta en festivales, son rutina elogiada por los taurinos y permitida desde las instituciones, parece mentira que, todavía, algunos se estén preguntando por qué sucede todo esto. 

La razón es bien sencilla: la fiesta está montada sobre una base terriblemente clara y falsa a la vez, está promocionada por y para un público objetivo que es completamente iletrado en cuanto a cultura taurina se refiere. Este analfabetismo taurino es el caldo de cultivo perfecto para que los gestores, organismos e interesados comercialmente hablando, vayan destruyendo, a marchas forzadas, lo poco que queda de nuestra fiesta Fiesta. La de Verdad. 

La cultura taurina debería ser la base fundamental sobre la que sustentar las acciones correctivas y los planes de contingencia a desarrollar a la hora de intentar paliar, desde la afición más cabal, los efectos de los desmanes cometidos por todo el taurineo recalcitrante. El pilar fundamental de nuestra manifestación cultural más bella, es el aficionado íntegro y conocedor, en mayor o menor medida, de las bases fundamentales. Por encima de todo,  exigente del Toro íntegro y con casta.Conocedor del reglamento taurino, de las suertes de la lidia, de la ejecución correcta de cada una, que es capaz analizar las reacciones del toro en la plaza, que disfruta de la suerte de varas en su máxima expresión y necesita de la misma para fundamentar el resto de la lidia. También exige una faena de capa y muleta con, al menos, la suerte cargada y la verdad por delante. Sabiendo que el torero, debe dar la lidia en línea con las características del toro. Obvia y menosprecia florituras si no están basadas en la antedicha verdad. Sabe cuando hay que matar un toro en la suerte natural y cuando en la suerte contraria, a la vez que ha visto los terrenos en los que se debía plantear faena al animal. Además, el aficionado cabal, ‘rara avis’, es justo y tremendamente agradecido. Está muy lejos de ser lo que suelen denominar un “talibán”. 

Alfonso Navalón, como defensor incansable frente al taurineo de su tiempo, dejó una obra con infinidad de de artículos con una calidad y unos conceptos tan magistralmente desarrollados, que serían suficientes para cimentar la recuperación de la fiesta con su lectura.

Es necesario reconocer esta labor máxime, cuando se está rozando el declive total. Beber de la fuente que ha dejado el Maestro puede servir de base para preparar la revolución desde las bases.

No podemos seguir ocultos en la trinchera, ni esperar que desde los blogs o publicando un Manifiesto sin el debido control, se pueda recuperar nuestra Fiesta. El ejercicio de unión entre los aficionados más cabales debe producirse y, en base a los conceptos fundamentales y al diseño de mecanismos para articular la información, se debe tratar de aumentar el conocimiento en la afición. Claro está, basándonos en los puntos fundamentales que defiende el Manifiesto.

La relación causa-efecto debería ser tal que, poco a poco, algunas personas mal orientadas podrían comenzar a ver la luz. Una nueva exigencia comenzaría a generarse y los empresarios no lo tendrían tan fácil a la hora de montar aberrantes circos. En los tendidos comenzaría a producirse la mutación necesaria y no se permitirían muchas calamidades que, actualmente, son jaleadas y exitosas celebraciones, a favor de obra. 

Tengo constancia de que algunas ideas o consecuencias pueden rayar lo utópico, pero también sé que si seguimos permitiendo que los medios de desinformación, fomentados por los que se llevan la pasta, campen a sus anchas no tendremos nada que reclamar más que el derecho al pataleo. Nada más. 

El Maestro merece una nueva lucha, nuevas acciones y savia nueva en los tendidos de nuestra querida piel de toro. Ojalá podamos lograr algo de todo por lo que él tanto luchó.   

Álvaro González Martín. (Camarzana de Tera, Zamora).
Aficionado Independiente

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